no me gusta la navidad
La Navidad era mi época del año favorita cuando era pequeña. Lo digo como quien habla de una ciudad donde creció y que ya no existe.
Recuerdo la sensación física de diciembre. Las luces apareciendo en las calles. Los anuncios. El frío. La decoración en mi casa. Las cenas. El seis de enero. La espera de que algo bueno está a punto de ocurrir.
Ahora llega diciembre y no siento nada. Bueno, no exactamente nada. Siento pena porque hace años que no lo celebro con mi padre. Hastío porque todo me da igual. Pereza de volver a empezar.
La gente dice que la Navidad cambia cuando te haces adulto. Supongo que tienen razón. Yo sólo sé que un día te sientas en una mesa y entiendes que estás participando en una representación de algo que ya terminó hace años. Las mismas canciones. Las mismas fechas. Las mismas comidas. Pero ya no la misma sensación.
Creo que para mí lo más difícil no es perder la ilusión, lo más difícil es seguir esperando encontrarla. Cada diciembre hay una pequeña parte de mí que piensa: quizás este año. Quizás este año vuelva a sentirse especial. Quizás este año no me descubra a mí misma mirando el reloj en la cena de Nochebuena porque estoy deseando irme a mi casa con mi gata. Y luego llegan las fiestas y descubro que lo único que quiero es que terminen. Simplemente porque estoy cansada.
Así que ya es definitivo: no me gusta la Navidad.