virtual dream

sin título

No puedo dejar de pensar en el último libro que leí. En La Carretera, Cormac McCarthy escribe sobre un padre y un hijo que atraviesan un escenario post apocalíptico. Solos. Pasando penurias y presenciando todo tipo de atrocidades. En este mundo no existe la música, no existen los cuervos, no quedan ni los colores (creo que no he leído tantas formas juntas de describir el color gris jamás). El padre1 es una persona extremadamente pesimista, en contraposición a la figura de su hijo, un niño que, aun habiendo nacido en un mundo tan carente de vida, hostil y aparentemente agonizante, no deja de albergar esperanza y bondad. «Lleva el fuego», como se repite en varias ocasiones.


Hace unos días estaba tumbada en la cama con mi gata, escuchando david teie2 y leyendo el dichoso libro. No miento si digo que es uno de los momentos donde más paz he sentido en las últimas semanas. A lo mejor está feo decirlo teniendo en cuenta el contexto en el que se desarrolla la historia, pero esa tarde mientras me estaba quedando dormida deseé soñar con el libro. Quería meterme dentro, observar desde arriba3.

No sé por qué, pero encontré cierta paz en la soledad de esa lectura. Siempre he sido una persona que no le teme a estar sola, que lo necesita e incluso lo disfruta. Para mí la soledad -la elegida, aunque a veces también la otra- no es un fallo en el sistema al que haya que poner remedio inmediato con ruido de fondo. Le tenemos terror al silencio porque el silencio no negocia: te devuelve la mirada. Y en La Carretera no pueden escapar del vacío: lo caminan. Llevan «el fuego», un concepto que no llega a explicarse del todo pero que todos entendemos. Y a mí eso me da paz.

Este libro echa por tierra cualquier idea romántica sobre cómo podría ser el fin del mundo que las series o los videojuegos nos han podido inculcar (The Last of Us es realmente un paseo por el campo al lado de esto). Cuando vi la adaptación al cine leí reviews quejándose de la falta de acción y colores y, en esencia, de lo aburrida que era. Y sí, quizás es porque el fin del mundo es un lugar silencioso en el que el único podcast que vas a poder ponerte de fondo son las voces de tu cabeza sin gameplay del Subway surfers que valga.

La Carretera es una lectura triste y lúgubre, pero tiene una chispa de esperanza que no se puede pasar por alto. El padre extinguió su llama para proteger a su hijo; se muestra pesimista y desconfiado por necesidad, para mantenerlos con vida. Sin embargo, el niño parecer ser la última pieza de la humanidad que alberga la llama: la bondad y la confianza en que el ser humano aún no está sentenciado.


Tienes que hablarme, dijo.
Estoy hablando.
¿Seguro?
Ahora te estoy hablando.
¿Quieres que te cuente un cuento?
No.
¿Por qué?
El chico le miró y apartó la vista.
Esos cuentos no son verdad.
No tienen por qué. Son cuentos.
Sí, pero en esas historias siempre estamos ayudando a gente y nosotros no ayudamos a la gente.
¿Por qué no me cuentas tú algo?
No tengo ganas.
Vale.
No tengo ninguna historia que contar.
Podrías contarme alguna historia tuya.
Ya las conoces todas. Tú estabas allí.
Pero tienes historias dentro que yo no conozco.
¿Quieres decir sueños, por ejemplo?
Por ejemplo. O cosas en las que piensas.
Ya, pero se supone que las historias han de ser alegres.
No tienen por qué serlo.
Tú siempre me cuentas historias alegres.
¿No tienes alguna alegre que contarme?
Son más bien como la vida real.
Y las mías no lo son.
No, las tuyas no.
El hombre le observó. ¿La vida real es muy mala?
¿Tú qué piensas?
Bueno, yo pienso que todavía estamos vivos. Nos han ocurrido muchas cosas malas pero todavía estamos aquí.
Sí.
No te parece que eso sea tan estupendo.
Puede.


Honestamente, no sabría decir en qué momento me sentí tan en paz con la soledad, en qué momento empecé a encontrarme cómoda conmigo misma en silencio. Sé que no siempre fue así. Quizás la única forma de encontrar confort es dejar de huir de ella. El confort real no siempre es un té caliente y un libro con una mantita; a veces es el jarro de agua fría de la lucidez de saber que, cuando quitas la aprobación ajena, los algoritmos y la imperante necesidad de pertenecer, sigues estando de pie.




  1. Los nombres de los personajes nunca son revelados porque en este escenario poco importa cómo te llames

  2. Música para gatos que no sé si funciona o no porque mi gata está el 90% del tiempo relajada

  3. Sin el sufrimiento de los que escapan eternamente, por supuesto; quiero observar desde arriba privilegiadamente porque soy millennial y no aguantaría ni 2 días sin el móvil